Un camino que transforma: peregrinación a Loyola 2025

"Volveremos al inicio de todo..." Con esta profunda intención, más de 50 personas vinculadas al Centro Arrupe emprendieron un significativo viaje del 1 al 4 de mayo: una peregrinación a las raíces de la espiritualidad ignaciana, con destino final en Loyola.

La propuesta era clara: retrotraerse al origen del camino de San Ignacio, a aquel tiempo de convalecencia en Loyola donde, en la quietud y la reflexión, su ser de caballero comenzó a transformarse en una nueva identidad. Un proceso interior lleno de luces y sombras que dio a luz a una figura fundamental en la historia de la Iglesia.

El pasado 1 de mayo, desde el mismo Centro Arrupe, un grupo de 58 peregrinos iniciaron esta inmersión en la espiritualidad y la búsqueda de sentido. El itinerario trazado recorrió parte del emblemático Camino Ignaciano, haciendo significativas paradas desde Zaragoza hasta Javier.

La primera jornada llevó al grupo a Zaragoza, donde tuvieron la oportunidad de visitar la majestuosa Basílica del Pilar y conocer el centro jesuítico de Pignatelli, sentando además las bases para la convivencia y el conocimiento mutuo entre los peregrinos. Al caer la tarde, el destino era Loyola, ese sereno valle bañado por el río Urola que acoge la imponente basílica, guardiana de la casa natal de San Ignacio y de la historia de su familia.

Los días siguientes se dedicaron a explorar con emoción los lugares que marcaron la vida de Íñigo: la casa familiar, la conmovedora Capilla de la Conversión bañada en luz, la inspiradora cúpula, la recogida ermita de Nuestra Señora de Olatz y el significativo Hospital de la Magdalena, donde Ignacio eligió compartir la vida con los más necesitados. Como comparte Dulce, "Cada jornada comenzaba con una oración matutina que nos armonizaba."

La riqueza de la peregrinación trascendió los lugares visitados, como bien expresan Mª Cruz y Jordi Miquel, dos de los participantes: "En estos días junto a estos lugares se ha ido forjando la cercanía, el cariño, el diálogo, el apoyo y la fe compartida entre las personas que hemos realizado este camino. Y esa es la verdadera riqueza que nos traemos y que nos da fuerza para seguir el camino de cada día."

En su sentir sobre la experiencia, Dulce añade: "Fueron días para alimentar la amistad con Dios, mirar al otro con ternura y reconocernos con nuestras realidades, pero desde una nueva luz. En ese andar, nos encontramos con un Ignacio apasionado por Cristo, conmovidos por la humildad de Gárate en su caserío y encendidos por el ardor misionero de Ignacio y Francisco Javier."

La experiencia también fue marcada por el encuentro y la acogida de la comunidad jesuita en cada uno de los destinos. En su testimonio, Mª Cruz y Jordi Miquel dan la enhorabuen a todas las personas que les acompañaron e hicieron posible el viaje: "Agradecemos a todos los jesuitas que nos han acogido en estos lugares y nos han mostrado su experiencia, su trabajo y la pasión por su vocación, especialmente al padre Koldo por su dedicación. Y desde aquí nuestro especial agradecimiento al equipo organizador y al padre Abel por habernos posibilitado esta rica experiencia. Seguimos compartiendo en el camino."

La peregrinación también ofreció la oportunidad de visitar la hermosa ciudad de San Sebastián, descubriendo su devoción al Sagrado Corazón y disfrutando de las vistas desde la icónica playa de la Concha. Además, se conoció de cerca el proyecto jesuita local dedicado a la acogida de presos y migrantes.

El último destino de este enriquecedor camino fue el castillo de Javier, cuna de San Francisco Javier, amigo y fiel seguidor de Ignacio cuya vida estuvo dedicada a llevar el mensaje de Jesús a tierras lejanas.

Como concluye Dulce: "Llegamos a destino el domingo, Día de las Madres, cansadas, pero con el alma encendida. Regresamos agradecidos, renovados y con el corazón dispuesto a seguir dejándonos transformar desde dentro, en lo cotidiano de nuestras vidas."

Esta peregrinación a Loyola no fue solo un recorrido geográfico, sino un viaje interior y comunitario, una oportunidad para conectar con las raíces de una espiritualidad que sigue inspirando y que, en esta ocasión, fortaleció los lazos entre los peregrinos gracias a la acogida y la fe compartida. Los participantes regresaron a Valencia con la certeza de haber recorrido un camino que, sin duda, dejará una huella transformadora en sus vidas y en su caminar diario.

Centro Arrupe
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