EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 3, 13-17
FIESTA DE LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
«Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él».
COMENTARIO
“TANTO AMÓ DIOS AL MUNDO…”
(Juan 3, 13-17)
Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz
Este domingo se interrumpe al ciclo normal de lecturas del evangelio de San Lucas por la celebración de la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Con esta ocasión la liturgia nos propone un breve fragmento del diálogo entre Jesús y Nicodemo del capítulo 3 del evangelio de San Juan. En él se hace referencia implícita a la cruz de Jesús: “tiene que ser elevado el Hijo del Hombre”, dentro del proyecto salvador de Dios. Una cruz que tiene como explicación de fondo el amor: “tanto amó Dios al mundo”.
La vinculación entre la cruz de Jesús y amor salvador de Dios al mundo vuelve a aparecer en el evangelio de San Juan en el capítulo 13, con el que este evangelista introduce el relato de la Pascua del Señor, de su muerte y su resurrección: “Él (Jesús) que había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el final” (Juan 13, 1). Es muy importante, y muy necesario, que como cristianos de hoy veamos y vivamos la cruz de Jesús, y al Crucificado en ella, desde la clave del amor. Pero Amor con mayúscula, amor de verdad.
El Amor de Jesús es amor crucificado porque ha sido amor “hasta el extremo”, “hasta el final”. No hay amor de verdad sin entrega, sin donación, sin abnegación de uno mismo. La entrega del amor es, poco a poco, día a día, la entrega de la propia vida. Esa entrega de la propia vida es, sin duda, costosa; desprendernos de lo que somos y tenemos en favor de los demás es cruz, sobre todo cuando, al modo de Jesús y en comunión con Él que es quien nos da la gracia, esa entrega es gratuita.
El Amor de Jesús es amor crucificado porque Jesús se volcó en su amor con los crucificados de su tiempo: los leprosos, las mujeres consideradas impuras, los “malditos que no conocen la ley” (Juan 7, 49). Y entonces, como ahora, apostar por los crucificados y los malditos, priorizarlos a ellos en el amor, nos señala y nos excluye. A los discípulos que le pedían primeros puestos Jesús les dice “no sabéis lo que pedís” (Marcos 10, 38); al ladrón crucificado junto a él le dice: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23, 43).
El Amor de Jesús es amor crucificado, porque Él ha querido compartir dolores y sufrimientos de la condición humana, para que nadie, absolutamente nadie que sufra le sienta extraño o lejano: “no tenemos un sumo pontífice que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas ya que ha sido probado en todo como nosotros, excepto en el pecado” (Hebreos 4, 15).
La exaltación de la Santa Cruz es la fiesta, la exaltación, del Amor: hasta el extremo, solidario con los excluidos y compasivo con los que sufren.
DARÍO MOLLÁ, SJ

3 respuestas a «Comentario al Evangelio: “Tanto amó Dios al mundo…”»
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Muchas gracias por el comentario. “Nadie que sufra, le sienta extraño…”
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Gracias, gracias. Me ha encantado la reflexión, que la vivamos.
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La palbra de hoy, nos enseña que el Amor de Cristo es transformado. Nos dice que nunca estamos solo. Él va siempre por delante. Muchas gracias
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