El pasado 13 de noviembre de 2025, a las 19:00h., el Centro Arrupe de Valencia se convirtió en un espacio de acogida plena y escucha profunda. Bajo el título “Cristianos LGTBIQ+ y esperanza”, la Red Cristianos Arcoíris de Valencia celebró una mesa redonda que reunió a cinco voces diversas –un chico gay, otro bisexual, una pareja de chicas y una madre y abuela de una chica lesbiana– para dialogar sobre la experiencia de vivir la fe desde la diversidad.
La fe en “tierra extraña”.
El punto de partida fue una meditación sobre Hebreos 11.13-16, un texto que habla de caminar “en tierra extraña” con la mirada puesta en una patria mejor. Desde ahí se abrió una conversación sobre lo que significa mantener la esperanza en la Iglesia cuando se experimentan tensiones, heridas e incomprensión. Aun así, quienes participaron afirmaron la decisión de permanecer y seguir construyendo puentes desde la fe, quedarse, habitar el desierto incluso cuando la noche parece oscura.
¿Qué es la esperanza?
A lo largo del diálogo, la esperanza se definió no como un optimismo ingenuo, sino como el “tiempo nuevo de Dios” y el don de saberse sostenido. Surgieron metáforas poderosas: la esperanza es como un rescoldo que preserva el fuego y da calor, o como un faro que guía tras la experiencia de navegar en la oscuridad.
Se reconoció también la vulnerabilidad de esta esperanza. El dolor por la falta de aceptación familiar o las heridas causadas por respuestas inesperadas pueden llevar a la desesperanza. No obstante, los ponentes compartieron sus anclas para mantenerse firmes: la confianza en que “el barco no lo llevo yo”, la paciencia con los procesos ajenos y la búsqueda de personas e instituciones que actúan como “puerta abierta” y mediación sanadora.
Figuras bíblicas que iluminan
El diálogo se enriqueció con referencias a figuras bíblicas que también caminaron en la incertidumbre: desde un Moisés que necesita la seguridad de Yahvé, hasta una María cuestionada y un José que confía pese a las dudas, pasando por la fe del centurión.
La mesa redonda concluyó con un coloquio entre los asistentes, donde el sentimiento general fue de profundo agradecimiento. Las historias compartidas no solo narraron vidas, sino que encendieron, en palabras de los presentes, verdaderas luces de esperanza para nuestra comunidad.

