CÍRCULO LAUDATO SI’ ARRUPE VALÈNCIA. Una invitación a cuidar juntos la Casa Común

El pasado 10 de diciembre celebramos nuestra tercera reunión mensual del Círculo Laudato Si’ Arrupe València en el Centro Arrupe. A pesar de coincidir con la celebración de la Reconciliación, vivimos un encuentro lleno de vida, con muy buena participación y la alegría de dar la bienvenida a una nueva incorporación.

COMPARTIR, REFLEXIONAR Y ORAR JUNTOS

Este curso hemos iniciado con ilusión el camino del Círculo Laudato Si’, un espacio donde compartir, reflexionar y orar juntos, para que nuestra espiritualidad se traduzca en acciones concretas que transformen nuestro entorno. Como guía, leemos antes de cada encuentro un capítulo de la encíclica Laudato Si’, para que ilumine y motive nuestras reuniones.

En esta ocasión dialogamos sobre el segundo capítulo, profundizando en temas tan inspiradores como:

  • El Evangelio de la Creación y el amor de Dios manifestado en la Casa Común.
  • La fraternidad, la justicia y nuestra relación con todos los seres.
  • La responsabilidad personal y comunitaria ante la crisis ecológica.
  • La necesidad de poner límites al consumo y al crecimiento sin medida.
  • La importancia de una economía de proximidad.
  • Pasar de dominar la creación a colaborar con ella.
  • Comprender la propiedad privada al servicio del bien común.
  • Reconocer la creación como un bien colectivo para todos.

Cada reunión es una oportunidad para crecer, apoyarnos mutuamente y descubrir caminos nuevos para vivir nuestra fe desde el cuidado, la compasión y la acción.

Destacamos que la encíclica nos invita a cambiar la mirada sobre la naturaleza: no verla solo como entorno o recurso, sino como Creación, como un espacio sagrado que también nos habla hacia dentro. Esta mirada renovada propone una nueva teología, una forma distinta de comprender nuestro lugar en la casa común que compartimos con todos los seres vivos.

Recordamos que todo está profundamente conectado: la fraternidad, la justicia, la relación con las personas y todo ello con la tierra. El Evangelio muestra a Jesús disfrutando de la belleza que le rodeaba y cuidando de los débiles, los pobres y los enfermos. El Papa subraya que precisamente ellos sufren primero y con más intensidad las consecuencias de los daños causados a la naturaleza.

Reflexionamos sobre cómo la lectura tradicional de “dominar la tierra” ha llevado a un uso equivocado de los recursos, contribuyendo a la crisis actual. Planteamos la necesidad de vernos como colaboradores de Dios en la creación, no como dueños. La creación es patrimonio de todos, y cada ser tiene un valor por sí mismo, más allá de su utilidad.
La diferencia entre ser —caricia de Dios para toda criatura— y ser útil, ligado a la cultura del descarte, nos interpeló especialmente.

Surgió con fuerza la importancia de las pequeñas acciones de cada día: cuidar y respetar lo que tenemos más cerca. También vimos que no es sostenible un consumo ilimitado; necesitamos establecer límites, promover la austeridad y aprender a disfrutar sin poseer, reconociendo que la belleza es gratuita.

Hablamos de cómo un antropocentrismo mal entendido ha favorecido el abuso de recursos —agua, petróleo, minerales— y cómo esto impacta en la pérdida de biodiversidad y en la vida de los más pobres. Lo que le hacemos a otros seres revela quiénes somos realmente.

También comentamos la falta de avances reales en la reducción de combustibles fósiles, mencionando que la COP 30 ha quedado muy por debajo de lo necesario.

La cultura del Sabbat, mencionada por el Papa, nos recordó la importancia del descanso, la contemplación y el reconocimiento de que todo está interconectado.

En lo concreto, se cuestionó la compra de productos de huerta traídos de países lejanos como Sudáfrica, Colombia o Chile cuando disponemos de alternativas de proximidad, subrayando así la necesidad de un consumo responsable y cercano.

Antes de concluir, se destacó cómo el Papa nos cuestiona la idea de la propiedad privada como valor absoluto. Por encima de cualquier propiedad está el bien común, y este exige límites. La propiedad de los bienes debe entenderse al servicio de lo colectivo, no como espacios de dominio individual sin responsabilidad.

Concluimos reconociendo que no hay tiempo que perder. Estamos llamados a una conversión que nos haga custodios y administradores de la creación, con una vida más sobria, agradecida y atenta. La Palabra de Dios es la fuente que inspira este camino de transformación.

PUERTAS ABIERTAS

Si sientes el deseo de participar, las puertas están siempre abiertas. Nos encantará contar contigo. ¡TE ESPERAMOS!

Próxima reunión: 29 de enero, asistiendo a la conferencia del jesuita Jaime Tatay SJ en el salón de actos del Centro Arrupe.
Contacto: [email protected]

Centro Arrupe
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