Jesús es puesto a prueba

La realidad pone a prueba a Jesús. Desde las entrañas del Compasivo y Creador percibe cómo este mundo ha derivado en un mundo satánicamente criminal y mentiroso. Este mundo tienta a Jesús no en el objeto de su anuncio sino en el modo de estar en la vida, en su modo de estar en el mundo para decir y hacer Reino, para anunciar la visita del Compasivo a su pueblo.

La tentación consiste en no implicarse con la realidad. La implicación compasiva puede trastornar la realidad y es mejor dejarla como está porque es la realidad querida por la Ley y el Templo. La tentación que se le  presenta a Jesús es exhibirse, apabullar y dominar en nombre de una supuesta intervención portentosa de un dios legitimador del orden y mentira del mundo o involucrase compasivamente con los abatidos de su pueblo.

El tentador le dice que se convierta en centro del mundo y se sitúe por encima de las criaturas. El alero del templo no es cualquier sitio, es lo más alto de la ciudad santa de Jerusalén, la capital, la ciudad del Gran Rey, es el centro cósmico, es el lugar donde puede ser visto por todos. Allí se le presenta la tentación del estrambote, de lo aparatoso, de lo espectacular para que muestre sin sombra de duda que él es protegido de lo alto. Los ángeles de Dios lo recogerán en volandas y todo el mundo aplaudirá, se sentirá impresionado. Es evidente que entonces lo reconocerán como el enviado de Dios.

El tentador le presenta todos los reinos y pueblos del mundo y le dice que todo puede ser suyo. El éxito y eficacia se le presentan como los criterios de actuación en la misión de anunciar el Reino. Es tentador utilizar las mismas estrategias y tácticas que los reinos de este mundo: dominar, chantajear, someter, coaccionar, amenazar con la condenación eterna, meter miedo en el cuerpo, manipular la debilidad de la gente, generar dependencias… por ese camino está asegurado el dominio.

El tentador le dice que lo primero es satisfacer sus necesidades, que puede utilizar su fuerza para ello, que no pasa nada y que la gente no lo notará. Es una trampa mortal en la que Jesús no se deja enredar. Jesús barrunta que sólo en el descentrase está en centrarse y reencontrarse uno mismo como criatura del Dios Vivo con una mirada limpia sobre los demás, que es el desvivirse está el vivir y que en el perderse por los afligidos está el encontrase.

La Buena Noticias de Jesús de Nazaret, Toni Catalá sj