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Sexto domingo de Pascua que nos aproxima a Pentecostés y el relato del evangelio comienza a hablarnos del Espíritu, el Defensor en medio de palabras de despedida.

1/ Si me amarais, os alegraríais de que me vaya al Padre (Jn 14, 23-29)

Este caminar con el Resucitado en tiempo de su Pascua nos está preparando para recibir su Santo Espíritu. El Jesús que pasó haciendo el bien por los caminos de la Galilea, el Nazareno que “anunciaba la Buena Noticia del Reino y que curaba todo achaque y enfermedad de pueblo”, nos guste o no nos guste, ya no está con nosotros. Este Jesús ya es pasado, nos gustaría retenerlo, agarrarlo, no soltarlo como a María Magdalena.

Hemos hecho ingentes y nobles esfuerzos por saber de él, por intentar conocer sus “mismísimas palabra y hechos”. Nos hubiese gustado pasear con él por los caminos de su tierra, ser testigos presenciales de su vida histórica concreta, oírlo, verlo, tocarlo… esto no es posible, este Jesús ya no está. Si lo amáramos de verdad nos alegraríamos que ya no esté, que se haya marchado, que haya “desaparecido”. El mismo nos lo dice.

Esta ausencia nos puede perturbar y acobardar, nos puede dejar con un profundo sentimiento de vacío y de orfandad, nos puede llevar a una profunda desolación como a los discípulos de Emaús, a un escepticismos corrosivo como a Tomás, nos puede llevar a quedarnos fijados en el pasado, mirando lo muerto, lo que fue y ya no es, como María Magdalena llorando ante la tumba. Pero él nos dice que nos alegremos porque el Padre nos va a liberar de nostalgias paralizantes, de fijaciones en el pasado, nos va a liberar de convertir a su Hijo Jesús el Viviente en un ídolo, en una pieza de museo, en un mero objeto de investigación académica, en un tratado de doctrina “cristológica” El Padre Compasivo nos manda al Paráclito, en castellano: el que viene en nuestra ayuda que es el Espíritu de Jesús. El tiempo de Pascua nos prepara para recibir la eclosión de vida que es Pentecostés y que nos hará vivir a Jesús como el Viviente, el que sigue viviendo hoy.

El Espíritu nos ira recordando. Recordar es pasar por el corazón, todo lo acontecido en Jesús. El Espíritu, nos ira vivificando… lo celebraremos muy pronto…  Este Espíritu viene en nuestra defensa, es nuestro Abogado defensor.

La Cruz de Cristo ha puesto en jaque este “mundo”, ha puesto en “crisis”. Poner en crisis es juzgar, los sistemas religiosos, hablar de juicio es hablar de culpa, inocencia y sentencia (Jn 16,8). Los sistemas religiosos que se apropian de Dios siempre tendrán a Jesús Crucificado como el culpable blasfemo y el sistema se tendrá por inocente pues ha hecho lo que tenía que hacer sentenciar al blasfemo como culpable. El Defensor ha ganado el juicio, se invierte el orden de este mundo: el culpable es el Santo Inocente, los verdugos, el sistema religioso, son los blasfemos, no tenían razón, están bajo el “príncipe de este mundo” que es la mentira y el crimen. Es inaudito y fascinante como se invierte el orden de este mundo.

En la secuencia de Pentecostés proclamaremos al Santo Espíritu como “Padre amoroso del pobre”, como padre-madre de las maltratadas, de lo santos inocentes ahogados en el “mare nostrum” (en el nuestro, si, en el nuestro) Padre de nuestras cobardías y fragilidades, por eso nos queremos abrir a tu espíritu de Fortaleza para que nos vivifiques, te recordemos y te testifiquemos en este caminar hacia la tierra nueva y el cielo nuevo.

Comentarios

  • Sencillamente gracias. Volveré a meditarlo

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