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Hoy celebramos la fiesta de san José Pignatelli, jesuita en la época más crítica de la historia de la Compañía. Expulsada ésta de España en 1767 (con anterioridad lo había sido de Portugal y de Francia), el 1773 el Papa Clemente XIV la suprimió con carácter universal. Para la inmensa mayoría de jesuitas, entre ellos Pignatelli, comienza entonces una época de destierro, clandestinidad y dispersión.

Sólo un pequeño resto sobrevive como tal Compañía de Jesús, en la Rusia de Catalina II. Hasta 1814 no se volvió a una situación de normalidad, cuando el Papa Pío VII restauró la Compañía con carácter universal. Durante ese tiempo convulso san José Pignatelli permaneció como jesuita y fue una persona decisiva en el apoyo a sus hermanos de orden y en la recomposición paulatina de la Compañía de Jesús. Por ello, y aunque murió tres años antes de la bula de restauración de 1814 que no conoció, es considerado el hombre clave y el puente de unión entre la antigua Compañía y la restaurada.

Su capacidad de resistencia y fortaleza espiritual en medio de las dificultades que vivió nos permiten acercarnos a lo que la espiritualidad ignaciana aporta y sugiere en estas situaciones por las que todos pasamos. Darío Mollá en el Cuaderno EIDES, La espiritualidad Ignaciana como ayuda frente a las dificultades, nos propone tres verbos para manejarnos en la dificultad: reconocerla, resistirla y vencerla. Enlazar

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