Los mercaderes de la muerte

Este mes de Junio, el Papa Francisco propone que nos unamos a su oración “por los responsables de las naciones, para que se comprometan con decisión a poner fin al comercio de las armas, que causa tantas víctimas inocentes” (enlazar video). No es la primera vez que se pronuncia tan claramente sobre el comercio de armas y denuncia a los “mercaderes de la muerte”.

Audiencia, 11 de junio de 2014. Pienso en quienes fabrican armas para fomentar las guerras; pero pensad qué oficio es éste. Estoy seguro de que si hago ahora la pregunta: ¿cuántos de vosotros sois fabricantes de armas? Ninguno, ninguno. Estos fabricantes de armas no vienen a escuchar la Palabra de Dios. Estos fabrican la muerte, son mercaderes de muerte y producen mercancía de muerte. Que el temor de Dios les haga comprender que un día todo acaba y que deberán rendir cuentas a Dios.

Encuentro con los jóvenes en Turín, 21 de junio de 2015. A mí me hace pensar una cosa: gente, dirigentes, empresarios que dicen ser cristianos, y ¡fabrican armas! Esto causa un poco de desconfianza: ¡dicen ser cristianos! «No, no, padre, no fabrico, no, no… Solamente tengo mis ahorros, mis inversiones en las fábricas de armas». ¡Ah! ¿Y por qué? «Porque los intereses son un poco más altos…». Y también tener dos caras es moneda corriente hoy: decir una cosa y hacer otra.

Homilía, 24 de marzo de 2016. El otro gesto es el de hace tres días, el atentado en Bruselas: un gesto de guerra, de destrucción en una ciudad de Europa, de gente que no quiere vivir en paz. Pero detrás de ese gesto, como detrás de Judas, estaban otros. Detrás de Judas estaban los que dieron el dinero para que Jesús fuese entregado. Detrás de ese gesto de hace tres días en esa capital europea, están los fabricantes, los traficantes de armas que quieren la sangre, no la paz; que quieren la guerra, no la fraternidad.

Homilía, 13 de abril de 2017. Grandes cantidades de recursos se destinan a fines militares y se sustraen de los fondos para las exigencias de los jóvenes, de las familias en dificultad, de ancianos y enfermos, para la gran mayoría de los habitantes del mundo. Siento que debo pedir con más fuerza la paz para este mundo sometido a los traficantes de armas que se benefician con la sangre de hombres y mujeres.

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