Invitación a la ternura

En las últimas semanas, Francisco está dedicando sus catequesis de los miércoles a la familia. En ellas ha abordado cuestiones como las tres palabras clave en la familia (permiso-gracias-perdón), la educación de los hijos, el noviazgo, la vulnerabilidad de la familia en las condiciones de la vida que la ponen a prueba, la enfermedad y la muerte.

La catequesis que ha tenido hoy se ha centrado en las heridas que se producen en la misma convivencia familiar. Como el mismo Francisco ha explicado: “se trata de palabras, acciones y omisiones que, en vez de expresar amor, hieren los afectos más queridos, provocando profundas divisiones entre sus miembros, sobre todo entre el marido y la mujer”.

¿Qué sucede si estas heridas no se curan a tiempo? Francisco se ha detenido en ello en la catequesis: “las heridas se agravan y se transforman en resentimiento y hostilidad, que recae sobre los hijos”.

Y hace un llamamiento a “custodiar el vínculo conyugal, que da origen a la familia”. Es el mismo verbo que ya propuso al inicio de su ministerio pastoral aquel 19 de marzo de 2013: “Custodiar a todos, especialmente a los más pobres, custodiarnos a nosotros mismos; he aquí un servicio que el Obispo de Roma está llamado a desempeñar, pero al que todos estamos llamados: protejamos con amor lo que Dios nos ha dado”. Y fue en aquella ocasión cuando nos dijo que para custodiar a los otros, también tenemos que cuidar de nosotros mismos vigilando sobre nuestros sentimientos, nuestro corazón.

La invitación es a la ternura, “virtud de los fuertes” que practican aquellos que “no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes” (EG 288)

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