Evangelio domingo

Domingo 22 octubre 2017

Mateo 22,15-21

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es licito pagar impuesto al César o no?» Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.» Le presentaron un denario. Él les preguntó: «¿De quién son esta cara y esta inscripción?» Le respondieron: «Del César.» Entonces les replicó: «Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.»

Comentario

La lectura continuada del Evangelio de Mateo nos permite avanzar en la trama de su narración de la que el relato de este domingo forma parte. Por ello, ayudará tomar perspectiva para captar lo que está sucediendo.

Sugerimos una rápida mirada al capítulo 21 de Mateo para captar la magnitud de lo que se nos narra este domingo. En Mateo 21 Jesús realiza tres signos proféticos: entrada en Jerusalén (21:1-11); expulsión de los mercaderes del templo (21:12-17) y maldición de la higuera (21:18-22)

Estos tres episodios son toda una provocación por parte de Jesús que logra el cuestionamiento por parte de los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo:  “¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Y quién te ha dado esa autoridad?” (Mt 21:23).

A partir de este momento se suceden las tres parábolas que hemos leído en los últimos domingos: la parábola de los dos hijos (Mt 21:28-32), la parábola de los viñadores homicidas (Mt 21:33-46) y la parábola del banquete nupcial (Mt 22:1-14). Todas estas parábolas estaban dirigidas a los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo que rechazan la autoridad de Jesús que mostró ante los tres gestos proféticos que había realizado.

Y llegamos al relato de este domingo, donde cambian los interlocutores. Ya no son los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo sino los fariseos que se alían con los herodianos “para comprometer a Jesús con una pregunta” (Mt 22:15). El texto de hoy sobre el tributo al César (22,15-21) se sitúa, por tanto, en este conjunto de conflictos con las autoridades que conforman la secuencia de una misma trama.

La pregunta que fariseos y herodianos le plantean, esconde una trampa que no se le escapa a Jesús: “¿Está permitido pagar el impuesto al César o no?”. Su respuesta le podía compro­meter ante las autoridades romanas (si decía que no), o ante los sectores más progresistas y politizados del país (si decía que sí). Ante la encrucijada que se le plantea Jesús reacciona: pide la moneda del tributo, devuelve la pregunta y saca la conclusión: “Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios”.

¿Evade de esta forma el conflicto? ¿Es una astucia por su parte para no responder a lo que se le ha planteado? Jesús pone en el lugar que le corresponde la cuestión que le plantean y, por ello, no se deja enredar en discusiones que no son las esenciales para él: hay que estar dispuestos a no tergiversar la relación con Dios y las consecuencias que esa relación conlleva.

¿Estarán dispuestos los fariseos y los herodianos a algo así? La respuesta la encontraremos en la narración del relato de Mateo. Por ahora, es una pregunta abierta…

Domingo 15 octubre 2017

Mateo 22,1-14

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda.” Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda.” Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?” El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.” Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»

Comentario

Llegamos a la conclusión de una narración que se ha ido sucediendo en los dos últimos domingos y que y forma parte de una discusión de Jesús con los sumos sacerdotes y fariseos sobre su misión y autoridad.

Las parábolas del domingo 1 y 8 de octubre nos presentaban el rechazo frontal de Israel. En la parábola de este domingo, se resuelve la situación con una actuación inesperada

En la parábola del pasado domingo, la parábola de la viña, Jesús hace un sumario de la historia de salvación. Dios rodeaba a Israel con una atención particular y esperaba que tantos cuidados produjesen fruto en una vida de fidelidad y justicia. De tiempo en tiempo enviaba a profetas para recordar al pueblo el fruto que Dios esperaba, pero la misión de los profetas encontraba siempre el rechazo por parte de Israel. Finalmente Dios envió al propio Hijo, pero éste fue muerto. Llegado a este punto Jesús declara que dado que Israel continuaba rechazando el Reino, éste pasará a otro pueblo, esto es, a los paganos (no judíos).

Mateo sigue el hilo narrativo y resuelve el conflicto ante el rechazo de Israel: la convocación al Reino que ya no se dirige a los convidados que se creían merecedores sino a todo el mundo, sean “malos y buenos” dirá la parábola.

“Malos y buenos”, en ese orden, para dejar claro que nadie es llamado por sus méritos, sino por la bondad gratuita de Dios para con los pobres, últimos y pecadores. La gratuidad convierte a los “no-invitados” en destinatarios privilegiados de su banquete y del Reino. Los que estaban fuera, ahora están dentro y los que se creían dentro, en realidad, han quedado fuera.

Domingo 8 octubre 2017

Mateo 21,33-43

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo.” Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: “Éste es el heredero, venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia.” Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?» Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.» Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente?” Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»

Comentario

La parábola de los labradores homicidas está colocada por Mateo en la cornisa de otras dos parábolas: la de los dos hijos (21,28-32) y la del banquete de bodas (22,1-14). Juntas las tres parábolas contienen una respuesta negativa: la del hijo al padre, la de algunos campesinos al dueño de la viña, la de ciertos invitados al rey que celebra las bodas de su hijo. Las tres parábolas intentan mostrar un único punto: se trata de aquéllos que como no han acogido la predicación y el bautismo de Juan, ahora están de acuerdo unánimemente en rechazar el último enviado de Dios, la persona de Jesús.

La introducción a la primera parábola de 21,28-33 sirve también para la parábola de los labradores homicidas: Llegó al templo y mientras enseñaba los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se le acercaron y le preguntaron: ¿Con qué autoridad obras así? ¿Quién te ha dado esta autoridad? Es la aristocracia sacerdotal y aquella otra secular la que se acerca a Jesús cuando Él entra en el templo. Están preocupados por la popularidad de Jesús y hacen sus preguntas a Jesús para saber dos cosas: qué tipo de autoridad se atribuye para hacer aquello que hace, y el origen de esa autoridad. En realidad la segunda resuelve lo que se pide en la primera. Lo sumos sacerdotes y los jefes del pueblo exigen una prueba jurídica: no se recuerda jamás que los profetas tengan autoridad directamente de Dios.

Esta parábola tiene una gran importancia en el conjunto del evangelio, pues en ella está la clave para entender el envío de los discípulos(as) a todos los pueblos. Al principio la buena noticia fue dirigida sólo a Israel (10,5-6), pero el pueblo elegido ha rechazado insistentemente la invitación a acoger el reino. Por eso Jesús fue congregando en torno al grupo de los discípulos un -“nuevo Israel”-, cuya misión será anunciar a todos los pueblos la salvación (28,16-20). El reino ha sido quitado a Israel y entregado a este nuevo pueblo mesiánico congregado por Jesús, la Iglesia.

Domingo 1 octubre 2017

Mateo 21,28-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña.” Él le contestó: “No quiero.” Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor.” Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?» Contestaron: «El primero.» Jesús les dijo: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.»

Comentario

En la secuencia de los evangelios de los próximos tres domingos de octubre leeremos tres relatos de rechazo. Se trata de tres parábolas de Mateo (21,28-22,14) que muestran cómo el primer evangelio acentúa mucho más que los otros sinópticos el rechazo de Israel. Es la parábola de los dos hijos que dicen sí y no (Mt 21,28-32), de los viñadores homicidas que acaban por apropiarse de la viña que se les había encomendado (Mt 21,33-43) y de los invitados al banquete de la boda del hijo de un rey (Mt 22,1-14).

En todas estas narraciones el común denominador es el rechazo frontal y el ataque abierto. Las tres parábolas contienen una respuesta negativa: la del hijo al padre, la de algunos campesinos al dueño de la viña, la de ciertos invitados al rey que celebra las bodas de su hijo. Las tres parábolas intentan mostrar un único punto: se trata de aquéllos que no han acogido la predicación y el bautismo de Juan y ahora están de acuerdo unánimemente en rechazar el último enviado de Dios, la persona de Jesús.

Los destinatarios de estos relatos de Mateo son siempre los mismos: los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo en confrontación abierta y sin cuartel contra Jesús. Y es que Jesús está alterando el orden establecido y sus defensores a ultranza están al acecho. La situación es meridianamente clara y no deja lugar a dudar: la Buena Noticia de Jesús es una amenaza y hay que desactivarla.

El anuncio de un Dios abajado, implicado con todos y ofrecidos a todos es peligroso, pone en jaque al clan y no hay discurso religioso que lo soporte. Jesús saca definitivamente lo de Dios de los planteamientos abstractos, de las formulas estereotipadas, de los ritos vacíos y lo traslada al terreno de la vida de las gentes en sus situaciones concretas.

Es el Dios de Israel que vuelve a caminar con su Pueblo. Los sacerdotes del Templo están espantados ante algo así. No aceptan que la alegría haya vuelto a la Casa de Israel y su resentimiento y amargura acabarán siendo homicidas. Pero el velo del Templo se rasgará definitivamente y Jesús será la piedra angular sobre la que se edificará el nuevo y definitivo Pueblo de Dios.

Domingo 24 septiembre 2017

Mateo 20,1-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: “Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido.” Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?” Le respondieron: “Nadie nos ha contratado.” Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña.” Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.” Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.” Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?” Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.»

Comentario

Hay gente que no soporta la Ternura y la Compasión, parece que están llenos de resentimiento y frustración, como si la experiencia de Dios no fuera una experiencia gozosa y vivificante. No soportan la alegría de los demás, no se alegran de que los pecadores tengan fiesta y perdón, las viudas indefensas compañía, que los atrofiados recuperen su libertad y autonomía. ¡Cuánta podredumbre en el interior de aparentes comportamientos religiosos! Jesús está haciendo luz en la tiniebla, esa luz la quieren apagar, es peligrosa, pone en evidencia el orgullo y el engreimiento de los que se tienen a bien con Dios y lo quieren todo para ellos, pero Jesús sabe que la luz no es para esconderla. Jesús sigue haciendo luz y les cuenta otra parábola que no tiene desperdicio.

A los que no soportan su actuación les cuenta que un hombre tenía una viña y que mandó al amanecer al encargado a contratar jornaleros a la plaza, se ajustó con ellos por el salario justo y los mandó a trabajar al campo. El encargado salió a lo largo del día y contrató más jornaleros. Al final de día, cuando faltaba una hora para acabarse la jornada vio más gente en la plaza en donde se contrataban los jornaleros y les preguntó porqué estaban allí, qué hacían a esa hora allí, contestaron que nadie les había contratado en todo el día, el encargado los mandó a la viña a trabajar. Una hora después el dueño de la viña le dice al encargado que empiece a pagar, pero que empiece por los últimos y que les de el jornal entero. Los primeros, que están mirando de reojo, ven que los últimos están cobrando el jornal entero, por lo que ellos van cobrar pensando que van cobrar más, pues ya han hecho sus cálculos, pero resulta que cobran lo mismo y se indignan y protestan diciendo que esto va contra todo derecho.

El dueño de la viña les dice que no le vayan con justicias ni injusticias que ellos se contrataron por el salario justo y lo aceptaron, además les dice algo obvio, que él es el dueño y puede hacer lo que quiera en sus asuntos, y para rematar les dice que da la impresión de que no se alegran de que sea generoso con los últimos. Jesús está metiendo el dedo en la llaga de los duros de corazón, el Dios Fuente de la Vida da paga a los primeros y a los últimos, el Padre Misericordioso da herencia al mayor y al pequeño, sale a buscar a uno y a otro, el problema es que los mayores y primeros no soportan que los últimos tengan paga y los pequeños fiesta, aquí está la auténtica causa del conflicto.

A Jesús le gustaría que los primeros se alegraran de que Dios sea Dios de todos y generoso con los últimos, pero no lo soportan, no se alegran, no se viven desde la acción de gracias, no dan gracias porque ellos están en la viña y en la casa desde siempre. Es tremendo, pero han convertido a Dios en el gran contable del universo, en el legitimador de la desigualdad, esta percepción de Dios genera resentimiento, los primeros pasan factura, yo que estoy en casa siempre… nosotros que hemos cargado con el sol… Los primeros van a eliminar a Jesús, está rompiendo el “equilibrio” basado en el desprecio de últimos y pequeños.