Comentario Evangelio (28 septiembre)

La Pascua está cerca. Jesús llega a Jerusalén. La ciudad santa será el lugar de la confrontación con el Templo y con los sacerdotes quienes “se pondrán de acuerdo para apresar a Jesús con una estratagema y darle muerte” (Mt 26:4) Pero hasta entonces, contemplaremos a Jesús realizando tres gestos proféticos (entrada en Jerusalén, purificación del Templo y la higuera seca) y le escucharemos contar tres parábolas (los dos hijos, los viñadores homicidas y los invitados al banquete). La primera de las tres parábolas – los dos hijos (Mt 21:28-32)- será el Evangelio de este domingo.

¿Qué hay realmente tras la fortaleza religiosa de los sacerdotes del Templo? Con esta parábola, Jesús pone en evidencia aquello que ocultan tras esa apariencia y que ya denunció el profeta Isaías: “este pueblo se me acerca con la boca y me glorifica con los labios, mientras su corazón está lejos de mí, y su culto a mí es precepto humano y rutina“. 

Jesús les recuerda su resistencia frontal a creer y convertirse cuando al escuchar a Juan que llamaba a la conversión se negaron en rotundo, se cerraron en banda y se blindaron tozudamente. Es el mismo rechazo del que Jesús hablará en la parábola de los viñadores homicidas que escucharemos el próximo domingo.

La bofetada que reciben es contundente:  “Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios”. Jesús les pone ante una evidencia que en vez de hacerles reaccionar les afirmará más en su rechazo a entrar en el camino del Reino de Dios.

0 Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*